Jardín de las delicias
Adrián Pérez Castillo (Logroño, España, 1970)
Semáforos en rojo. Están sembradas
las calles de excrementos, de tacones
de prostitutas frías que recorren
las aceras buscando las monedas,
los papeles pintados que se escurren
por las sucias carteras, por los bolsos
entre preservativos y pomadas.
Se escuchan los rencores, los insultos
de chulos proxenetas que vacían
las miserias del sexo desgarrado.
Se apaga la esperanza con las luces
radiantes del neón intermitente
que brilla en discotecas disfrazadas,
en sórdidos burdeles de bochorno
maquillado, en las carnes que se venden
bañadas con esperma, sangre y babas.
Se refugia un mendigo en los cartones
roídos por las ratas, envolviendo
la amargura nacida en su camino,
la turbia soledad que no buscaba
dentro de un callejón yermo y sombrío.
Se estaciona el silencio en el asfalto,
en un túnel marchito con agujas
oxidadas, teñidas por la sangre,
por los sueños en brazos de un pegaso
sin alas diluyendo su blancura.
Pasan las horas.... Como cada noche
nace un niño que llora al ver la luz
comprendiendo el futuro que le aguarda
dentro de este Jardín de las delicias.
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Por cortesía de Adrián Pérez Castillo



